¿Qué determina que uno nazca con determinadas cualidades y que le falten otras, que nazca en una familia o en otra? Seguramente te has preguntado:¿ Por qué los talentos están repartidos en formas tan distintas? ¿Por qué justo ahora? ¿Por qué a mí?
Tal vez hemos llegado a pensar que las circunstancias en las que nos encontramos son fruto de la casualidad, el “destino” o de una voluntad ajena a nosotros, pero que finalmente, escapa de nuestro control. Pensando así, nos limitamos a soportar la vida creyendo que es injusta o que por el contrario “todo es cuestión de suerte”. Así, si sucede algo, bueno o malo, no lo relacionamos con nuestras propias decisiones, pensamientos o sentimientos.
Antiguas y sabias culturas de Oriente y Occidente enseñaban que la casualidad no existe y que por el contrario, todo lo que sucede está regido por una Ley inmutable, una Ley de Acción y Reacción o de Causa y Efecto, conocida en India como “Karma”. Es esta una ley de justicia universal, por la cual cada acto en pensamiento, sentimiento u obra, tiene un efecto para su ejecutor, con la misma intensidad e intención con la que fue creada.
La palabra “Karma” significa tanto acción como reacción porque ambas van íntimamente unidas. Las reacciones son los efectos lógicos unidos inevitablemente a nuestros actos.
¿Cómo actúa el karma?
Podemos entenderlo mejor al ver cómo actúa en el plano físico: Cuando se siembran semillas de tomates, se esperan, al cabo de unos meses, frutos de tomate; cuando se siembran semillas de maíz, se espera recoger mazorcas de maíz. “Lo que se siembra, se cosecha”. Esto que vemos y aceptamos como ley en el mundo físico, se manifiesta también en dimensiones más sutiles, como la mental, psicológica y espiritual. La vida tiene definitivamente leyes invisibles y certeras. Karma es una de ellas.
En la Física se sabe que a toda fuerza se le opone una reacción de igual fuerza y de sentido contrario. Cuando doblamos una rama inconscientemente ésta nos golpea con la misma intensidad con la que la doblamos. Así, por ejemplo, cuando se exterminan los bosques y las diversas especies y se altera la atmósfera con la contaminación, el cambio climático es un efecto inevitable. Además, este cambio en el clima provocará inundaciones, tormentas impetuosas, olas de calor y frío desmedidos, pues es ley que todo efecto es a su vez una nueva situación creada, un nueva acción que nos lleva a nuevos efectos secundarios.
En la dimensión emocional, cuando odiamos o amamos a alguien, nuestra capacidad de sentimiento se amplía o se contrae; sembramos las circunstancias para ser amados u odiados.
Esta Ley del Karma está íntimamente relacionada con otra Ley metafísica, conocida como Dharma o Ley de Armonía Universal. Karma nos enseña, a través de los efectos de nuestros actos, cuándo éstos han sido o no armónicos (buenos, justos, equilibrados), según sean los efectos que nos devuelva.
Según esta Ley nuestras acciones y sus efectos van construyendo un rumbo de vida que nosotros mismos decidimos. El Karma tan sólo nos da, en prueba de justicia cósmica, lo que nos merecemos; no es un castigo, sino una posibilidad, observando lo que nos acontece, de entender en qué nos equivocamos, qué acciones nuevas debemos emprender.
Quien pierde un trabajo, y se hunde en lamentos y en una actitud pesimista, en lugar de salir a buscarlo todas las horas útiles del día, define la dirección de su destino. Quien cree en su propio destino y lo persigue, tarde o temprano lo conquista a través de su esfuerzo, es decir, de sus actos. El bien no es más, entonces, que un suma de actos de bien, y nuestro mal no es otra cosa que la oscuridad momentánea de quien no halla su propio rumbo.
“Toda causa tiene su efecto; todo efecto tiene su causa; todo sucede de acuerdo a la ley; la suerte o azar no es más que el nombre que se le da a la ley no reconocida; hay muchos planos de causalidad, pero nada escapa a la Ley” (Kybalion – sabiduría egipcia)
“Todo hombre recoge las consecuencias de sus propias acciones”. Los Puranas (textos de sabiduría hindú muy antigua)
“No peques más, no fuese a sucederte cosa peor” Jesucristo.
“Trabajad en vuestra propia salvación. Lo que un hombre siembre, aquello recogerá”. San Pablo.
¿Por qué nos suceden las cosas?
Busquemos en nuestro interior y acerquémonos a la sabiduría.
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