
Home
“Cuando cada uno cambia, el mundo cambia” 
Antes tenía mucho desconcierto, desilusiones sobre las personas que cotidianamente tienen comportamientos antiéticos y eso lo asumen como normal. Si cuestionas eso, te dicen que el mundo es así yo me sentía como una persona “rara”, no lo podía aceptar, había algo en mí que se rebelaba. Tenía preguntas, pero no tenía respuestas satisfactorias.
Es habitual encontrarse con personas para quienes tener que elegir entre una y otra opción constituye no solo una dificultad, sino casi un tormento. Las escasas oportunidades que ofrece la vida de elegir libremente, aun en los acontecimientos más sencillos y cotidianos, van mermando esa capacidad tan humana y tan poco utilizada por muchos humanos.
Aunque, en apariencia, las sociedades civilizadas han trazado unos carriles de comportamientos que intentan cubrir todas las posibilidades, la existencia es muy rica en variedades y sorpresas, y obliga a detenerse, a recapacitar, a escoger.
Muchas veces nos hemos preguntado cuál es el valor del lenguaje… Aceptamos cómodamente la definición de que el lenguaje es una forma de expresión vertida hacia el exterior de nuestro mundo interior, pero aceptada esta definición, nada hacemos para comprobar si es verdadera o si, por lo menos, no siéndolo, podemos tornarla verdadera.
Ante todo, para que el lenguaje sea una expresión, debe expresar algo, y el gran conflicto comienza cuando nos preguntamos a conciencia si tenemos algo que expresar… Por lo mismo que somos hombres, y aun aspiramos a ser Hombres, no se trata simplemente de expresar lo que podrían hacer los animales o las plantas, sino de encontrar una expresión que nos caracterice como lo que somos: como humanos.



